miércoles, 17 de junio de 2026
La Tierra se agrieta: El Niño que se avecina pone a prueba nuestra resistencia al suelo seco

La rápida transición hacia un fenómeno climático extremo exige acciones urgentes para proteger las tierras productivas y garantizar la seguridad hídrica y alimentaria.
El calentamiento de los océanos
Mientras el mundo conmemora un año más de acción contra la degradación de los suelos, los termómetros del Océano Pacífico están enviando una alerta roja. Los datos científicos más recientes confirman que las temperaturas de la superficie del mar en la región Niño 3.4 ya han superado el umbral crítico, situándose por encima de los 0,9 C°. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y los principales centros climáticos advierten que la probabilidad de que este fenómeno de El Niño se consolide e intensifique durante el resto de 2026 roza el 98%.
No es una alerta cualquiera; los expertos señalan que podríamos estar ante un evento de gran magnitud, cuyas consecuencias se sumarán al calentamiento global antropogénico acumulado. Para las regiones agrícolas y ganaderas, esto se traduce en una ecuación peligrosa: menos lluvias, calor extremo y una evaporación acelerada que amenaza con succionar la poca humedad que les queda a nuestros suelos.
"Hasta el 50% de las tierras de pastoreo y rangelands del planeta ya muestran signos de degradación. Con la llegada de un Niño intenso, la velocidad con la que el suelo fértil se convierte en polvo podría duplicarse si no actuamos de inmediato." (Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (CNULD)).
El suelo productivo en la línea de fuego
La desertificación no es el avance literal del desierto, sino la pérdida de la capacidad biológica del suelo debido a las actividades humanas y las crisis climáticas. Este año, la ONU hace un llamado urgente a mirar hacia las tierras de pastoreo y zonas de pastizales, ecosistemas vitales que sustentan la seguridad alimentaria mundial y que a menudo son los más olvidados.
Cuando El Niño golpea con sequías prolongadas, los impactos se encadenan con rapidez:
Estrés hídrico severo: las fuentes de agua naturales y los distritos de riego disminuyen su caudal de forma drástica.
Degradación del suelo: la falta de cobertura vegetal expone la tierra fértil al viento y a la erosión. Si el suelo se seca por completo, pierde su estructura; cuando finalmente vuelven las lluvias, el agua no se absorbe, sino que genera escorrentías y lavado de nutrientes.
Golpe a la producción agropecuaria: la escasez de forraje y las altas temperaturas desafían directamente el bienestar animal y la productividad de los cultivos, elevando el riesgo de inseguridad alimentaria local.
De la contingencia a la resiliencia: ¿Cómo prepararse?
La comunicación juega un rol crucial en la gestión del riesgo. La diferencia entre una crisis gestionada y un desastre humanitario radica en la preparación. Los comités técnicos y las cooperativas agrícolas ya están desplegando planes de contingencia enfocados en tres pilares esenciales: el cuidado del agua, la protección del suelo y el bienestar y el manejo animal.
En la línea con el día Mundial contra la Desertificación es importante recordar que la sequía que se avecina es inevitable, pero la desertificación de nuestros suelos sí se puede frenar. La salud de la tierra es, al final del día, nuestra propia línea de defensa.
Referencias:
Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (CNULD) https://www.unccd.int/
Plataforma de la FAO sobre Degradación y Sequía https://www.fao.org/home/en/
Alertas Globales de la OMM https://wmo.int/
Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales https://www.ideam.gov.co/