martes, 7 de abril de 2026
La actividad física como eje de la salud integral

En medio del ritmo acelerado de la vida cotidiana, hay un hábito que tiene un impacto profundo en la salud: la actividad física.
El movimiento del cuerpo no hace parte de una moda ni una tendencia en redes sociales, es una necesidad biológica, y es que el cuerpo está diseñado para moverse. La actividad física influye en muchos aspectos de la salud, mejora la capacidad cardiovascular y la fuerza muscular, tiene un impacto directo en la salud mental, ayuda a regular el estrés y mejora el estado de ánimo, incluso pequeñas cantidades de movimiento a lo largo del día pueden marcar una diferencia significativa.
Hay algo muy importante, y es que no tienes que ser un gran atleta para beneficiarte del movimiento, pues la actividad física incluye a toda actividad que implique un gasto de energía, como los movimientos de desplazamiento, el trabajo, las actividades domesticas o el tiempo de ocio.
Sin embargo, uno de los mayores retos es lograr sostener la práctica de actividad física en el tiempo, muchas personas inician con motivación, pero la abandonan rápidamente al exigirse rutinas poco realistas, por eso, es necesario cambiar la perspectiva, la actividad física no debería sentirse como una obligación extrema, debería sentirse como un hábito cotidiano, adaptable y alcanzable.
La Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 150 minutos de actividad física a la semana para los adultos y 60 minutos diarios para niños y adolescentes, el caminar más, hacer más pausas activas, subir escaleras o dedicar algunos minutos al día a moverse son acciones pequeñas que, sostenidas en el tiempo, generan un impacto positivo, la clave es la constancia.
Hay un elemento fundamental que no se tiene en cuenta lo suficiente, el cuerpo necesita energía para moverse, y esa energía proviene de la alimentación. La actividad física activa el cuerpo, pero la alimentación es lo que permite sostener ese movimiento.
Cuando la alimentación es completa, suficiente y equilibrada, el cuerpo responde mejor. Hay mayor disposición al movimiento, mejor recuperación y una sensación general de bienestar que facilita la continuidad del hábito.
En un entorno donde las redes sociales suelen mostrar versiones idealizadas del ejercicio y la alimentación, es importante volver a lo esencial. No se trata de compararse ni de alcanzar estándares irreales, sino de construir una rutina propia, coherente con el estilo de vida de cada persona.
Referencias:
World Health Organization. WHO guidelines on physical activity and sedentary behaviour. Geneva: World Health Organization; 2020.
Piercy KL, Troiano RP, Ballard RM, et al. The physical activity guidelines for Americans. JAMA. 2018;320(19):2020–8.
Warburton DER, Bredin SSD. Health benefits of physical activity: a systematic review. CMAJ. 2006;174(6):801–9.
American College of Sports Medicine. ACSM’s guidelines for exercise testing and prescription. 11th ed. Philadelphia: Wolters Kluwer; 2021.
Colaboración:
Luz Adriana Gómez
Mercadeo