lunes, 24 de agosto de 2026
El impacto del sentido de pertenencia en nuestra autoestima

El sentido de pertenencia es una necesidad humana fundamental desde tiempo inmemorial. En el caso particular del ser humano, cuando nacemos sí o sí tenemos que estar en relación con alguien para poder sobrevivir. Por lo tanto, por lo menos en esa etapa tan temprana de nuestra vida, esa pertenencia es indispensable para poder salir adelante, crecer y alcanzar un nivel de desarrollo en el que tengamos un mínimo de autonomía.
Dar pertenencia a alguien es algo que va más allá de lo biológico o la adhesión a un grupo. Dar pertenencia a alguien es decir un rotundo sí a esa persona, es darle la bienvenida con sus luces y con sus sombras, con sus virtudes, con sus defectos, con sus matices, con su visión. Por eso, a veces, aunque “pertenecemos” no sentimos esa pertenencia.
La autoestima, más que una valoración racional es una sensación interna, una vivencia emocional que se construye desde la experiencia corporal, afectiva y relacional con el entorno; especialmente a través del vínculo con nuestros padres o cuidadores principales.
Cuando de pequeñas o de pequeños el amor o la aceptación de nuestros padres ha estado condicionado a que seamos de una manera o de otra, nuestro sentido de pertenencia se ve afectado y esto está íntimamente relacionado con nuestra autoestima, con la forma en la que nos percibimos a nosotros mismos en relación con nuestra capacidad de existir, de ser válidos y de tener derecho a ocupar un lugar en el mundo.
Sentirse parte de un grupo, especialmente en el ámbito de la familia, es sentir que perteneces en tu totalidad, que puedes ser tu plenamente sin nada que ocultar ni de lo que avergonzarse; que todo está bien en ti y que no tienes que renunciar a ser quién eres para encajar o para ser amado o querido.
Sentirse parte es sentir en el cuerpo que no tenemos que estar en constante lucha por justificarnos o con la atención puesta fuera de nosotros mismos para ocultar lo que no es bien recibido y adecuarnos o adaptarnos a lo que sí. Es sentir que no es peligroso ser uno mismo o una misma.
Cuando esta experiencia sentida en el cuerpo está consolidada, nuestro yo se siente arraigado en la familia o en el grupo. Sin embargo, si especialmente nuestro entorno temprano fue ambivalente, hostil, negligente, caótico o simplemente fuimos parcialmente “aceptados y bienvenidos”, puede emerger en nosotros un sentimiento de no pertenecer, de no hay un lugar para mí; de que nuestro yo (lo que realmente somos) no es bienvenido en su propia experiencia interna. Es entonces cuando nuestra autoestima se vuelve frágil y dependiente del juicio externo, cuando sentimos que solo valemos (o somos queridos) si cumplimos determinadas condiciones, o incluso presentamos una autoestima disociada en la que conviven simultáneamente una parte nuestra que se valora intelectualmente junto a una sensación interna de indignidad, de vergüenza, de no ser suficiente o incluso de sentirse un impostor o impostora.
Todas esto se traduce en una lucha constante por validarnos a nosotros mismos, por pertenecer, por complacer a los demás o por compensar algo que no logramos nombrar del todo, pero que nos acaba pesando internamente como una especie de exilio de nuestro yo más íntimo. Como si estuviéramos creando un “saldo positivo” para compensar esa sensación de indignidad interna, de falta de valía o incluso merecimiento.
¿y tú como vives tu sentido de pertenencia a Colanta? ¿está relacionado con tu historia de vida? Si te gustó este artículo, puedes ingresar a: https://iam.hookipa.es/blog/el-impacto-del-sentido-de-pertenencia-en-nuestra-autoestima
Colaboración:
Diana Carrillo
Bienestar y Formación